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La IA de hoy ya alcanza. El trabajo ahora es adoptarla

Cristian Labarca
La IA de hoy ya alcanza. El trabajo ahora es adoptarla

Jon Hernández lleva desde 2023 explicando inteligencia artificial en español. Tiene más de 800.000 suscriptores en YouTube y dirige un máster en IA. En su conversación con el podcast Tengo un Plan, publicada el 22 de octubre de 2026, dejó una idea que cualquier gerente debería anotar: la inteligencia disponible hoy ya alcanza, y lo escaso es el tiempo para que las personas aprendan a usarla.

Su argumento es simple. La IA que cualquier empresa contrata por una suscripción mensual ya permite trabajar distinto con el mismo equipo. El cuello de botella está en las personas que tienen que adoptarla.

Coincidimos. Los datos de IKEA, Microsoft y Duolingo le dan la razón, con matices que conviene mirar antes de decidir.

La conversación completa

El episodio dura algo más de dos horas. La parte sobre empresas parte en el minuto 10:54 con el caso de Duolingo y vuelve cerca del minuto 1:55:00, cuando Jon responde por dónde empezar a aplicar IA en una empresa.

Más trabajo con el mismo equipo: el caso IKEA

En 2021 Ingka Group, el mayor operador de tiendas IKEA, lanzó un asistente de IA llamado Billie para atender preguntas de rutina: estado de pedidos, stock, devoluciones. Entre 2021 y 2023 Billie resolvió cerca del 47% de las solicitudes de clientes, unas 3,2 millones de interacciones, según la propia compañía.

La decisión que importa vino después. Ingka capacitó a 8.500 personas del call center como asesores remotos de diseño de interiores. Ese canal de venta remota facturó cerca de 1.300 millones de euros en el año fiscal 2022, el 3,3% de las ventas del grupo, según Reuters.

La IA absorbió la tarea repetitiva y la empresa usó el tiempo liberado para vender algo nuevo. Jon lo presenta como el modelo a seguir y tiene razón en lo central.

Un matiz para leer el caso completo. Ingka sigue ajustando su estructura y anunció recortes de cerca de 800 cargos corporativos, como recuerda Futuriom. La reconversión del call center fue una decisión de la empresa. La tecnología abrió la opción y las personas la eligieron.

Para una pyme chilena la pregunta es concreta. Si un agente resuelve la mitad de las solicitudes que recibe tu equipo de atención, ¿qué venta, qué asesoría o qué seguimiento comercial hacen esas personas con las horas que quedan libres? Esa respuesta se diseña antes de implementar.

La adopción se decide en la cultura de la empresa

Jon cuenta que conoció a un gerente general con 8.000 empleados que entregó licencias de IA a los 2.000 desarrolladores y a nadie más. Ventas, marketing y operaciones quedaron fuera porque la empresa entendía la IA como un tema técnico.

Los estudios muestran el resultado de esa mirada:

  • El 78% de quienes usan IA en el trabajo trae sus propias herramientas, sin guía de la empresa. En empresas pequeñas y medianas la cifra sube a 80%. Apenas el 39% recibió capacitación de su empleador. Fuente: Microsoft y LinkedIn, Work Trend Index 2024.
  • El 29% de los empleados admite sabotear la estrategia de IA de su empresa, y en la generación Z la cifra llega a 44%. El motivo más citado es el miedo a perder el trabajo (30%), seguido por dudas de seguridad (28%) y una estrategia mal ejecutada (26%). Fuente: encuesta de Writer y Workplace Intelligence, 2026.

De ahí salen dos lecturas. La gente ya usa IA, con o sin permiso, y eso deja información de la empresa en cuentas personales. Y cuando el equipo siente que la IA llega a reemplazarlo, la frena. Las dos se resuelven con la misma decisión: herramientas oficiales, reglas claras y un relato honesto sobre para qué se usa.

La barrera de adopción es organizacional. Jon lo plantea desde la gerencia: si el dueño entiende la IA, el resto del equipo tiene un faro. Comprar licencias es el paso fácil. El trabajo de fondo es que el equipo vea la IA como una herramienta para crecer.

Un prototipo funcionando convence más que una presentación

El caso de Duolingo vale el episodio. En septiembre de 2024, el product manager Edwin Bodge y el diseñador jefe Tyler Murphy partieron un curso de ajedrez sin ingenieros asignados y sin ser expertos en ajedrez. Armaron el prototipo con herramientas de programación asistida por IA y lo llevaron a la dirección para que lo jugaran en vez de leer un documento. El curso salió en junio de 2025, según Fast Company.

Jon lo cuenta como la historia de un empleado que pensó fuera de su cargo. Eran dos personas, y el relato rápido omite un detalle: trabajaron dentro del sistema de producto de Duolingo, con sus herramientas internas, su formato de lecciones y su diseño. El vibe coding acelera cuando existe una arquitectura previa. Sin ella, el prototipo se queda en demostración.

La excelencia pasa a ser el estándar mínimo

Jon pidió presupuesto a seis maestros para una losa de hormigón en su casa. Firmó con el primero que respondió, antes de recibir las otras cinco cotizaciones. Su conclusión: lo que hoy parece excelente, mañana es lo mínimo que espera un cliente.

En B2B esto se mide en tiempos. Una propuesta que llega en 24 horas compite contra una que llega en una semana. Una pregunta que se responde en minutos compite contra una que espera al lunes. La IA acorta todo lo que rodea al criterio comercial: preparar, cotizar, hacer seguimiento. El criterio sigue siendo de la persona.

Cómo escuchar el episodio con criterio

La conversación también trae afirmaciones que conviene contrastar antes de repetir. Varias cifras sobre incidentes con modelos de frontera, costos de cómputo o resultados de laboratorio aparecen sin una fuente pública que las respalde. Otras están bien documentadas, como el fraude a la ingeniería Arup, que perdió 25 millones de dólares en una videollamada donde todos los participantes, salvo la víctima, eran deepfakes, según Fortune.

Hay un punto donde tomamos distancia. Jon dice que la IA de hoy es perfectamente segura. Para una empresa chilena esa frase necesita contexto. La Ley 21.719 de protección de datos personales fija hoy su entrada en vigencia para el 1 de diciembre de 2026. El Congreso tramita una postergación, y el 26 de octubre la Comisión de Constitución del Senado aprobó trasladarla al 15 de octubre de 2027, según AZ. La fecha final la define el Congreso. El riesgo de fondo es el mismo con o sin prórroga: un equipo que pega bases de clientes en cuentas personales de IA expone a la empresa. La seguridad depende de cómo se diseña el uso: qué datos entran, quién accede y quién responde por cada decisión automatizada.

Lo que la IA le devuelve a tu equipo

Jon cierra con una idea que compartimos: la IA te vuelve más perezoso o más capaz según cómo la uses.

Con las empresas pasa lo mismo. La tecnología ya está disponible por una suscripción mensual. La diferencia la hace el diseño: qué tareas se entregan a la IA, qué hacen las personas con el tiempo liberado y cómo se cuidan los datos en el camino.

La pregunta para tu empresa es qué va a hacer tu equipo con las horas que la IA le devuelve. Esa respuesta se diseña, y la decisión es tuya.

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