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Chile ya adoptó IA. Ahora falta que sirva

Cristian Labarca
Chile ya adoptó IA. Ahora falta que sirva

Según a quién le preguntes, la adopción de inteligencia artificial en las empresas chilenas es un éxito rotundo o apenas comienza. El estudio de Entel Digital analizado por CENIA reporta que el 80% de las grandes empresas del país usa IA y que el 70% de las pymes ya la incorporó. El informe SONDA Tech Trends, citado por Forbes Chile, dice que apenas el 15,8% la utiliza de forma activa. Y según PwC Chile, solo el 5% la tiene totalmente integrada en sus procesos.

Las tres cifras son ciertas. Miden cosas distintas, y en esa distancia vive el estado real de la IA en Chile: casi todas las empresas la tocaron, pocas la pusieron a trabajar.

Adoptar no es integrar

La contradicción se resuelve al mirar qué cuenta cada estudio como adopción. Si adoptar es que alguien en la empresa use ChatGPT o una herramienta con IA incorporada, las cifras altas son correctas. El 93% de las empresas chilenas cree que la IA tendrá un impacto positivo y la mayoría ya probó algo. Si adoptar es que un proceso completo funcione distinto gracias a la IA, con resultados medibles, las cifras se desploman a un dígito.

La Encuesta IA de Defontana 2025, recogida por Forbes Chile, retrata el punto intermedio: 45% de las compañías declara usar alguna herramienta de IA, pero apenas 23% se considera preparada para integrarla de forma sostenible. Usar es fácil. Integrar exige otra cosa.

El propio estudio de Entel y CENIA reconoce la grieta. Del universo de empresas que usan IA, solo la mitad lo hace con un enfoque transformador, integrada a procesos centrales del negocio. La otra mitad la tiene en la periferia: redactar correos, resumir documentos, generar imágenes. Útil, pero invisible en el estado de resultados.

La barrera no es la tecnología

Cuando se pregunta por el obstáculo, la respuesta más común en Chile es la falta de capacitación: 40% de las empresas la identifica como el freno principal. Es una respuesta cómoda, porque se arregla comprando cursos. Y es, en el mejor de los casos, la mitad del diagnóstico.

El AI Radar 2026 de BCG, publicado en enero, reparte el origen del valor de la IA con una fórmula que desarma esa respuesta: 10% viene de los algoritmos, 20% de los datos y la tecnología, y 70% de las personas y los procesos. La herramienta es la parte chica del problema. El mismo estudio encuentra que solo el 6% de las empresas en el mundo califica como líder en IA, y que ese grupo supera a sus pares en retorno para los accionistas por nueve puntos, con crecimiento de ingresos y expansión de márgenes. Lo que separa al 6% del resto no es acceso a mejores modelos. Todos compran los mismos. Es cuánto invirtieron en cambiar la forma de trabajar.

La proporción importa para decidir dónde poner la plata. Si el 70% del valor depende de personas y procesos, comprar licencias y contratar cursos ataca la fracción menor del problema. La barrera de adopción es organizacional, no tecnológica ni de talento. Capacitar personas para devolverlas a procesos desordenados es pagar dos veces por el mismo problema. La IA sobre un proceso desordenado no lo arregla. Lo acelera.

Mientras tanto, el discurso mira a otra parte

El contraste se vuelve más nítido al mirar la conversación pública. El informe Escenarios y desafíos de los futuros del trabajo de OTIC SOFOFA, uno de los ejercicios de prospectiva más serios hechos en Chile, cierra recordando que Sundar Pichai comparó la IA con el fuego y la electricidad, y que Dario Amodei proyectó una IA de nivel humano para 2026. Ya estamos en 2026. La frontera avanza a la velocidad que prometieron. La integración en la empresa chilena promedio, no.

Esa distancia produce un efecto curioso en las gerencias: se discute sobre inteligencia artificial general en el directorio mientras el área comercial sigue copiando datos a mano entre el correo y la planilla. El discurso de frontera es real y vale la pena seguirlo. Pero planificar la empresa contra los titulares de la frontera, en vez de contra los cuellos de botella de la propia operación, es la receta exacta para quedar en el grupo que usa IA sin que se note.

Qué separa a la mitad que avanza

La mitad transformadora del estudio de Entel y CENIA no llegó ahí por comprar mejores licencias. Llegó por hacer el trabajo aburrido primero. En la práctica, ese trabajo tiene tres partes.

Primero, elegir el proceso antes que la herramienta. Un proceso frecuente, medible y con dolor real: postventa que demora días, propuestas que salen a mano, información que vive en la cabeza de dos personas. La pregunta inicial nunca es qué IA compramos. Es dónde perdemos más horas y por qué.

Segundo, medir adopción real y no la aparente. Cuentas de usuario activas no son adopción. Uso semanal sostenido, tiempo de respuesta que baja, errores que desaparecen: eso es adopción. Si el número no cambia nada en la operación, es decoración.

Tercero, rediseñar el proceso alrededor del sistema, con responsables y reglas de negocio explícitas. Ahí es donde la capacitación sí rinde, porque la persona entrenada vuelve a un flujo que le permite usar lo que aprendió.

Las señales públicas van en la dirección correcta. En mayo, CENIA y la Subsecretaría de Economía firmaron una alianza para llevar formación en IA generativa a las pymes vía Digitaliza tu Pyme, sobre un programa que ya suma más de 145.000 usuarios registrados. Es una base necesaria. Pero la formación cubre solo una parte del 70% que pesa en personas y procesos. El rediseño de la operación lo tiene que hacer cada empresa por dentro, y nadie lo va a subsidiar.

La prueba del apagón

Chile ya pasó la etapa de probar. Las cifras de acceso son altas, el optimismo es casi unánime y la formación se está masificando. Lo que viene es menos fotogénico: ordenar procesos, definir responsables, medir de verdad. El país no necesita más adopción. Necesita que lo adoptado sirva.

Hay una prueba simple para saber de qué lado está tu empresa. Imagina que mañana se apaga toda la IA que usas. Si la operación sigue igual, no habías adoptado nada. La habías probado. La pregunta no es si tu empresa usa inteligencia artificial. Es si alguien notaría que la apagaste.

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